El Cambio Climático Y La Tragedia De Democratizar La Moda

El fast fashion es responsable en gran medida del uso y desperdicio de una enorme porción de los recursos naturales, generando además una cantidad de residuos incuantificables y cuyo impacto ambiental desconocemos. Sufrimos las consecuencias de este deterioro todos los días desde hace años y hemos logrado romper el equilibrio de ecosistemas completos generando desastres ambientales que inundan los medios de comunicación. A diferencia de los derrames petroleros o la explosión de plantas nucleares, los consumidores poco o nada podemos entender el impacto real que genera la sobreproducción de moda y eso es parte fundamental del problema.

La Moda se alimenta además de otras industrias que son altamente contaminantes como la minería, la ganadería y agricultura, además de la industria de la extracción de hidrocarburos.  Los brazos tóxicos de la industria de la moda y la confección abarcan no solamente los procesos productivos de los insumos, sino también la producción de las piezas, su distribución y el desecho de los excedentes, además de las prendas que se incorporan a la cuenta de residuos una vez que han terminado su vida util.

Diseño que produce problemas no es diseño.

El fast fashion es una farsa que nos está costando el planeta y nuestro propio futuro sin que tomemos acciones reales para resolver este problema. A medida que la industria de la moda creció, los diseñadores comenzaron a crear productos en masa adoptando un papel de manufactureros y mercaderes, olvidando la vocación del papel del diseñador: aquél de encontrar soluciones, generar innovación y preocuparse por crear el futuro. Han olvidado la importancia de su rol generando un sinnúmero de problemas adicionales en el camino. Parece irónico que los “diseñadores de moda” produzcan prendas de moda para manifestarse en contra de lo que ocasionan los procesos que dieron origen a dichas piezas.

Los procesos de diseño para la industria de la moda requieren perspectivas colaborativas nuevas, que afronten las problemáticas partiendo de consideraciones cruciales como extender exponencialmente la vida útil de los productos, la incorporación de los desechos al medio ambiente, reducir el desperdicio de materiales a lo largo de la cadena productiva, centrarse en los procesos y comercio local,  estudiar los procesos tóxicos para eliminar aquellos innecesarios o intentar minimizar su impacto y reducir la producción. La preocupación debe ir mas allá de los estilístico, debe centrarse en la  tecnología, la experimentación con nuevos materiales, cambiar los paradigmas de producción y mercadear nuevas ideas que ayuden a crear conciencia en los consumidores para asumirse como parte del problema, pero también como parte de la solución.

Nos hemos convertido en una sociedad comodina que quiere moda, la quiere barata y lo más rápidamente posible, que cuente con elementos de diseño que perpetúan sus características contaminantes. Aunque el recycling y el upcycling son soluciones creativas que apuestan por acercamientos distintos a la problemática, la realidad es que somos una sociedad hipócrita que está poco o nada dispuesta a abandonar los cánones tradicionales de moda en pro de generar un menor impacto ambiental.

Tal vez la única moda que pueda salvarnos, es aquella que dejemos de producir.

Quizá ya estamos condenados y lo único que nos preocupa es qué vamos a vestir el último día.

Por René Marcov / ks.com

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